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Memoria de Cultos








                               Juan Manuel Zapata

                                  Diputado de Cultos





           Os escribo hoy con un corazón lleno de esperanza. Cada culto que
           celebramos es un paso hacia Cristo y hacia su Madre (y la nuestra),
           la Virgen Santísima.



           Acudir a los cultos no es solo cumplir con una obligación de nuestras
           Reglas, sino alimentar nuestra fe, fortalecer nuestra comunidad y dar
           testimonio vivo de que seguimos caminando juntos bajo el amparo
           de nuestro Cristo de la Salud y de su Santísima Madre, la Virgen del

           Mayor Dolor en su Soledad.


           Acudir a los cultos es un acto de fidelidad y de amor. Es reconocer
           que nuestra Hermandad no se sostiene únicamente por la procesión

           del Viernes Santo o por los demás actos externos, sino por la vida
           interior que se alimenta en la Eucaristía, en la oración comunitaria y
           en la escucha de la Palabra. Sin cultos, no hay Hermandad viva; con
           ellos florece la fe y se fortalece la unión fraterna.



           Acudir a los cultos de nuestra Hermandad no siempre es sencillo. A
           veces, el cansancio, las obligaciones diarias o incluso la comodidad
           nos invitan a quedarnos en casa. Sin embargo, la vida cristiana nos

           recuerda que la fe se alimenta precisamente en esos momentos en
           los que decidimos dar un paso más allá de lo fácil y lo inmediato.
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