Page 36 - Boletín 171
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El sacrificio de asistir, aunque cueste, es una ofrenda que hacemos
a nuestro Señor y a nuestra Madre. Cada vez que vencemos la
pereza o dejamos de lado nuestras ocupaciones para estar
presentes en la Eucaristía, en los rezos ante el Santísimo o en las
demás celebraciones, estamos diciendo con hechos que nuestra
Hermandad es mucho más: es una comunidad viva que se sostiene
en la oración. Allí nos encontramos con Dios; allí nos encontramos
entre nosotros; y allí descubrimos que la Esperanza nunca defrauda.
Acudir a los cultos es el corazón de nuestra Hermandad, y ese
sacrificio nunca queda sin recompensa. El amor de Cristo y de su
Madre se derrama sobre quienes buscan su presencia. Lo que hoy
parece esfuerzo, mañana se convierte en paz interior, en fortaleza
para afrontar las dificultades y en alegría compartida con nuestros
hermanos. El amor siempre paga con abundancia lo que se entrega
con generosidad.
Animo a todos mis hermanos a una concurrencia masiva a estas
celebraciones.
El año 2025 fue especialmente significativo. Celebramos el 475.º
aniversario del hallazgo de la Sagrada Imagen de la Virgen de la
Luz, un legado que nos recuerda que somos herederos de una
historia de fe, sacrificio y compromiso que comenzó hace casi cinco
siglos. Cada generación ha sabido mantener viva la llama, y hoy nos
toca a nosotros ser custodios y transmisores de esa herencia.
Como colofón de este aniversario, tuvimos la dicha de recibir la
visita de nuestro arzobispo, don José Ángel, para celebrar una misa
pontifical que preparamos con mucha ilusión todos los miembros de
esta Junta de Gobierno y Auxiliares, y que fue concelebrada por
nuestros hermanos sacerdotes que pudieron asistir según su agenda.
Quedamos muy agradecidos al Señor, que nos ha permitido vivir
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