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que esta corporación gremial tuvo su sede, tanto social como
institucional y, lo que es más importante, religiosa.
Así, los profesores nos ilustraron sobre la solvencia económica del
gremio, algunos de cuyos miembros fueron personajes muy
importantes, con negocios de diversa índole en Sevilla y América,
que incluso emparentaron con la nobleza sevillana y desempeñaron
cargos cívicos y religiosos de suma trascendencia en la Sevilla del
Renacimiento y el Barroco.
La importancia de sus miembros y su poderío económico son motivos
que justifican el papel principal que nuestra Hermandad jugó entre
las instituciones religiosas de Sevilla en este período.
Además, muchos de estos toneleros eran oriundos del norte de la
Península, desde donde importaban las maderas con las que
confeccionaban sus botas, pipas y toneles. Esto explicaría, por
ejemplo, el fundamental papel de la familia Oviedo en la
Archicofradía durante el siglo XVII.
Muy destacadas fueron también las noticias que nos aportaron
sobre la configuración y fisonomía del Barrio del Arenal durante este
período, con sus calles de la Mar (García de Vinuesa), del Pescado
(Arfe) y Real de la Carretería perfectamente delimitadas y con
características muy similares a las que tienen aún en nuestros días.
Mención aparte tuvieron sus palabras sobre el Hospital de San
Andrés y San Antón, edificio humilde en su configuración pero
fundamental en su funcionamiento y usos, pues se trataba del único
lugar de culto existente entre el puerto y la Catedral.
En su capilla se daba servicio religioso no solo a los toneleros, sino
también a cesteros, cordeleros, pescadores, marineros, galeotes,
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