Page 83 - Boletín 171
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soluciones, pero sin abrir realmente el corazón.


           A su lado está San Dimas, clavado en una cruz, también sufriendo y

           consciente de que su vida llega a su fin. Pero su manera de situarse
           ante  Jesús  es  distinta.  En  primer  lugar,  se  dirige  a  Gestas  para
           hacerle ver que ellos están en esa situación por lo que han hecho,
           mientras que Jesús no ha cometido ningún mal. Después vuelve su
           mirada  hacia  Jesús  y  pronuncia  una  frase  breve  que  ha  quedado

           para  siempre  en  el  Evangelio:  «Jesús,  acuérdate  de  mí  cuando
           llegues a tu Reino».



           San Dimas no pide bajar de la cruz, no reclama un milagro, no busca
           escapar de su destino; simplemente confía y se pone en sus manos.
           La  respuesta  de  Cristo  es  inmediata:  «Hoy  estarás  conmigo  en  el
           Paraíso».



           En  esa  escena  aparece  con  claridad  un  mensaje  que  llena  de
           ESPERANZA,  porque,  cuando  todo  parecía  terminado,  todavía  era
           posible volver la mirada a Cristo. San Dimas ya no tenía tiempo de

           rehacer su vida, ni de reparar su pasado, ni de cambiar su historia,
           pero bastó una súplica sincera para encontrar la puerta abierta de
           la misericordia de Dios.


           Quizá por eso esta escena conmueve de una manera especial. Ante

           la cruz todos nos reconocemos un poco en aquellos dos hombres. A
           veces  nos  parecemos  a  Gestas  cuando  el  corazón  se  llena  de
           reproches,  de  indiferencia  o  de  distancia,  y  otras  veces  queremos

           parecernos  a  San  Dimas  cuando  volvemos  a  mirar  al  Señor  con
           humildad y confianza.


           San Dimas nos señala así el camino hacia Jesús y nos recuerda que
           nunca  es  tarde  para  volver  a  Dios,  porque,  incluso  en  el  último

           instante,  cuando  todo  parece  perdido,  la  misericordia  del  Señor
           sigue abierta para quien se acerca a Él con fe. Siempre queda lugar
           para la ESPERANZA.

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